La escuela de Lutheria Quito nace en los andes ecuatorianos, como una posibilidad de estudiar en forma intensiva y humana una antigua profesión que antes se transmitía por medio del sistema de aprendizaje directo.
El aprendiz se convertía en la “sombra de su maestro” en una sucesión de experiencias de vida que lo llevaban a transformase en una continuidad de escuela.
La interacción continua con los músicos que frecuentaban el taller cimentaban las bases de un artesano capaz de traducir en instrumentos las necesidades cambiantes de acuerdo a las obras de los compositores que se adecuaban a su momento histórico.

Esta relación humana fundamental se perdió en las sombras impersonales de la industrialización.
Comenzando por la Alemania de mitad del siglo 19 y terminando hoy por la aberración de la industria china.
Los celos profesionales, sumados al acentuado individualismo de nuestro tiempo “moderno”, impidieron en gran parte la continuidad de la transferencia de conocimientos en nuestro arte encontramos por ejemplo, gente que nos escribe de sus diez años de búsqueda de algún maestro que le enseñe a construir guitarras flamencas. Esto no seria extraño en cualquier parte del mundo, mas lo curioso es que este hombre escribe de Jaén, Andalucía,…..patria de la guitarra y el arte flamenco.

Los Andes, el llamado “subdesarrollo” de este lugar, la simpleza profunda de su gente y su confusión con el llamado progreso industrial, contribuyen a encontrar el casi perdido lado humano de nuestro arte.